domingo, 8 de julio de 2012

PROHIBESE HACER CIENCIA

El peor problema de Colombia, el más grave de lejos, es la justicia, o mejor, la falta de ella. Subyace en toda la problemática social, en el aberrante conflicto interno, es la madre de las guerrillas, de los paramilitares, del despojo de tierras, de la impunidad, de la corrupción, de los carruseles, de la compraventa de conciencias, de votos, de todos los males que aquejan este país, víctima de los avivatos que engordan a la sombra de una rama judicial en muchos casos bizca, coja, garosa, con código de barras, sin ética y pusilánime. No parecen necesitarse muchas manos para contar los Magistrados, Jueces y Fiscales probos y rectos.


La más reciente aberración conocida, la “reforma a la justicia”, en buena hora denunciada y desmontada, prueba que no es ninguna exageración. La liberación de peligrosos atracadores y asesinos, dispuestos a matar por un reloj o un celular porque, a juicio de los fiscales encargados, son susceptibles de “resocialización” y no representan peligro para la sociedad, es una vergonzosa y dura bofetada para una ciudadanía cada vez más desprotegida y acosada.

Todas las garantías son para los bandidos, no se les ocurra defenderse, a menos que estén dispuestos a ser denunciados por lesiones personales, daño en cosa ajena e intento de homicidio, con la correspondiente “ejemplarizante condena”. Los Velascos liberados por cuenta de dictámenes estúpidos son los culpables de los miles de Rosa Elviras, violadas, empaladas, desfiguradas con ácidos, degolladas y apaleadas hasta la muerte, de los huérfanos y viudas, de los heridos a quienes nadie atiende. Tan culpables son los jueces que los liberan como los asesinos.

Es más costoso, proporcionalmente, robarse unos cubos de caldo de gallina para mitigar el hambre que estafar todo un país. O más grave descalabrar un ladrón que secuestrar o matar miles de personas. El primero, a menos que se le apareciera la virgen y tuviera como pagar abogados de élite, irá a la cárcel, los otros, adornados con cualquier título, Gestor de Paz o cualquier pendejada que se les ocurra, entrarán a gozar de prebendas, escolta y salarios oficiales. Ese es el mensaje torcido y peligroso que está recibiendo nuestra sociedad. Ese es el escenario donde proliferan y se enriquecen los “fritangas” de todas las pelambres y se ahogan los intentos de unos pocos por hacer de este un país trabajador y honesto.

Fallos como el que prohíbe a Patarroyo usar monos para experimentación, con todo lo que ello implica en términos de la investigación que realiza, que debió haber consultado a la academia en pleno, a todos los expertos posibles, que debieron haberse debatido hasta la saciedad son, en cambio, una tajante condena de muerte para millones de personas inocentes.

Cada 30 segundos muere un enfermo de malaria, niños en su mayoría, 2880 cada día, pero que importa, son seres anónimos, pobres y vulnerables que nada aportan ni política ni económicamente. Resulta más redituable hacer alharaca en torno a la utilización de unos animales que son indispensables y que de todas maneras vuelven a su hábitat natural en perfectas condiciones que analizar los alcances, causas y consecuencias de tales decisiones.

Las tabacaleras, que matan miles de personas cada día, que se empeñan en enviciar a la juventud, que ocasiona costos multimillonarios por cuenta de las enfermedades que ocasionan, son respetadísimas porque tienen plata, no nos digamos mentiras. No hay nadie capaz de prohibir de tajo la venta de cigarrillos, lo mas osado que han hecho, sin desconocer que algo es algo, es obligarlos a poner en sus cajetillas que son un riesgo para la salud.

Y las farmacéuticas que juegan sucio, que nos exprimen hasta el último centavo, que corrompen médicos y sistemas de salud enteros, que comercian y trafican con la salud y la vida humanas, son intocables, por lo menos en Colombia. En el exterior acaban de imponerle la mayor multa de la historia a Glaxo, 3.000 millones de dólares, por promover medicamentos ilegalmente, ocultar datos relacionados con los efectos secundarios de sus pócimas, hacer declaraciones falsas sobre los precios y pagarles lujosos viajes a los médicos para que formulen sus productos. De esos cargos ya se declaró culpable, no le bastó, como a nuestros a ilustres congresistas, salir con cara de yonofuí a pedir perdón.

Esta multinacional es dueña de la patente de la vacuna contra la malaria conocida como RTS,S/AS01 de la que dice el prestigioso New England Journal of Medicine, 18 octubre 2011: “la eficacia de la vacuna contra la malaria clínica y severa en la categoría de mayor edad se presenta aquí, y su eficacia respecto a los resultados en la categoría de menor edad serán presentados en aproximadamente un año…”.
“Las estimaciones de la eficacia de la RTS,S de acuerdo con el estudio y la incidencia de malaria clínica o grave, en la categoría de edad más joven aún no están disponibles, (…) pero se analizarán más adelante…” Es decir, el artículo se publicó sin tener datos concretos y ciertos. Pero eso no es lo más grave:

“La meningitis se informó con mayor frecuencia en el grupo de inmunizados con la RTS, S/AS01 que en el grupo control, con 11 casos sobre 1 entre los de mayor edad; y 8 casos sobre 1 entre los de menor edad. La RTS,S también indujo convulsiones dentro de los primeros siete días de su administración; aunque sus síntomas más frecuentes fueron dolor y fiebre.” ¿Será a cosas como esa a lo que se refieren cuando los acusan de ocultar datos relacionados con los efectos secundarios?

A lo largo del ensayo fallecieron 151 niños. El seguimiento fue de 9 meses entre los más jóvenes y 18 meses entre los más mayores, tras administrarles la primera dosis de RTS,S. Durante los primeros 12 meses de seguimiento entre éstos últimos, la evaluación de riesgo demostró que la eficacia no fue constante durante este periodo, reportando mejores datos al principio que al final del seguimiento.”

>> Leer artículo del The new england journal of medicine

Resulta entonces más rentable y menos riesgoso jurídicamente enfermar, matar, mentir, distorsionar, omitir, legislar en contra de la ciudadanía y en beneficio de los compadres, amigotes y poderosos que buscar soluciones para los grandes males de la humanidad. Colombia no puede permanecer impasible ante la agonía de una institución que con las uñas y con todo en contra produce alrededor del 40% de la ciencia que se hace en Colombia.

El fallo en contra de Patarroyo y la FIDIC afecta a la humanidad entera, es desproporcionado e injusto y tendrá profundas repercusiones en la de por si pobre producción científica nacional. La importantísima y necesaria protección de los recursos naturales, zonas de minería, manglares, islas, bosques, parques nacionales, especies animales, agua y mares no debe ser únicamente la bandera que se agita para acabar con quienes tan bien le han servido al país. O por lo menos debería medirse a todos con el mismo rasero, aunque peguen duro o paguen bien, es lo menos que se le puede pedir a la justicia colombiana. Prohíbese la cobardía.

jueves, 14 de junio de 2012

Ser papá tiene su ciencia

Manuel Elkin Patarroyo, el científico más reconocido del país, reveló a CARRUSEL su faceta familiar.

>> Leer artículo en CARRUSEL



Tiene 26 doctorados honoris causa, es autor de 338 papers divulgados en las publicaciones científicas más prestigiosas del mundo, es ganador de los premios Robert Koch, Príncipe de Asturias y Edimburgo (considerados pre Nobel), entre muchos otros, y creador de las vacunas sintéticas.

Pero cuando le preguntan por la alegría más grande de su vida, Manuel Elkin Patarroyo, el investigador colombiano más reconocido del planeta, responde que fue haberse convertido en papá de sus tres hijos: Manuel Alfonso (40 años), María Cristina 'Tina' (36) y Carlos Gustavo (33).



Se trata de una felicidad que, asegura, se multiplicó con "total alcahuetería" con el nacimiento de sus nietas, María Alejandra, de 10 años, y Juliana, de ocho.

"A ellas he podido disfrutarlas... Además, me cogieron cuando ya estaba blandito", dice el profesor Patarroyo, mientras Manuel Alfonso, doctor en Ciencias y ranqueado como el tercer investigador más prolífico del país, levanta las cejas, mira hacia el techo y le da la razón: "Era estricto. No era particularmente querendón... Claro, de viejo, sí. Aunque no era hosco, sí era bravo. Pero ha cambiado mucho con las nietas".



Carlos, doctor en Filosofía, difiere un poco del diagnóstico: "A mí me lo arreglaron mis hermanos mayores; me tocó un papá más blando. Siempre teníamos la rutina de que yo era el primero en saludarlo cuando llegaba a la casa por las noches... Lo oía llegar y bajaba corriendo las escaleras. Ese era el momento del beso de la saludada. Ahora, sí era exigente. En eso no ha cambiado".

La pediatra María Cristina Gutiérrez, su esposa, su coequipera y compañera de toda la vida, admite que al doctor Patarroyo nunca se le han dado los asuntos de la casa, "no sabe ni cuánto vale una bolsa de leche, pero eso sí, como papá siempre ha estado cuando se ha necesitado", dice.

Se puede decir que él y María Cristina trataron de proyectar con rigor científico el nacimiento de sus hijos. Decidieron que serían tres, que preferiblemente la niña fuera la de la mitad y que habría, entre uno y otro, un espacio de tres años, como en efecto ocurrió. "La cosa fue muy sencilla: pensamos que así, tanto para ellos como para nosotros, era la mejor época para educarlos. Si esperábamos más, la diferencia generacional sería más grande", explica el profesor.



Pese a lo planeado, la llegada al mundo de su primer hijo estuvo lejos de ser exacta. "Manuel Alfonso fue lo más emocionante para mí. Nació prematuro, de seis meses y medio; apenas pesaba 1.200 gramos. Eso fue muy fuerte. Lo esperábamos para dos meses después, pero él se descolgó un domingo, cuando yo estaba en el laboratorio. Duró 15 días en incubadora. Pensé que no iba a salir adelante", recuerda el inmonólogo.

El primer recuerdo que Manuel Alfonso tiene con su papá eran los paseos en triciclo a medianoche. "Yo tendría cuatro años; él llegaba a las 11 o 12 de la noche. A esa hora él me paseaba en triciclo por los alrededores. A cada zona o calle por donde podíamos meternos le ponía el nombre de una ciudad. 'Vamos por París y volteamos por Estocolmo', me decía".

Patarroyo explica que con eso, como con los principios, valores y actitudes que ha promovido en sus hijos, siempre buscó darles mundo, "quería que ellos supieran comportarse, hablar, conocer. Creo que eso lo he logrado. Nunca participé mucho en sus juegos ni fui a reuniones en sus colegios". Tanto que reconoce con risa, y algo de pena, que el acudiente siempre fue Javier Bejarano, un amigo de la familia: "Cuando llamaban a Patarroyo, él levantaba la mano y decía 'yo'".

Insiste, no obstante, en que en la casa siempre se promovió la excelencia. "El ambiente fue favorable para que se formaran bien y con respeto por su independencia, aunque poco les ayudé con las tareas...", y Carlos lo interrumpe: "Menos mal...".

¿Hijos de tigre?

Los Patarroyo-Gutiérrez se han movido siempre en entornos ligados con la medicina y la investigación; abuelos, padres, tíos y amigos cercanos han tenido relaciones directas con estos campos. A pesar de eso, los hijos del profesor Patarroyo aseguran que nunca se sintieron presionados a seguir el mismo camino. Cada uno llegó a su carrera por iniciativa propia, inspirados por el ejemplo de disciplina y persistencia de su papá, que casi raya con la terquedad.

Carlos y Manuel Alfonso -que siguió los pasos de Patarroyo y trabaja hombro a hombro con él en la Fundación Instituto de Inmunología de Colombia- reconocen que su padre es una figura polémica, que si bien despierta mucha admiración, también tiene duros contradictores.

"Mi papá es un hombre muy apasionado, pero quizá la característica que más nos sorprende es su capacidad de aguante. Ninguno de nosotros se siente capaz de soportar lo que él. Yo en su lugar me hubiera derrumbado más de una vez", dice Manuel Alfonso, sobre la base de que, pese a ser un investigador respetado y reconocido en los círculos más importantes de la ciencia en el mundo, en Colombia eso no pasa. "Aquí hay gente que se atreve a criticarlo o a descalificarlo, aun cuando ignora la naturaleza y los objetivos de su trabajo", insiste. Carlos opina, de hecho, más que un investigador, Patarroyo "es un benefactor de la humanidad".

Con el tiempo, el inmunólogo ha ido reconociendo que la investigación y el agite de su trabajo le impidieron, durante años, disfrutar a plenitud sus hijos. Sin embargo, con la llegada de sus nietas, hijas de Tina, él se dio la licencia de ser un abuelo querendón y alcahueta. Cuenta que en torno a ellas (hoy radicadas con su familia en Chile) se agrupaba el núcleo familiar los fines de semana, algo extraño en un trabajador de 24 horas, siete días a la semana.



Dice que le dolió mucho que ellas se fueran, por lo que aprovecha al máximo sus visitas, "pasan las vacaciones largas aquí y son ellas las que me presionan para que las lleve al laboratorio del Amazonas. Son niñas que han crecido sin miedos, capaces de hacer 'safaris nocturnos' para coger sapos y otros animales que a mí me causaban susto, hasta que me compartieron su técnica para atraparlos: 'Consíguete un par de bolsas, te las pones en las manos y te les abalanzas encima'. Listo".

Ellas lo adoran y sus hijos hace tiempo lo graduaron de buen papá. Y María Cristina, su esposa, segura del inmenso valor que tiene como científico, lo apoya, lo comprende y se mantiene sólida y prudente a su lado. Solo una vez ella, por petición de colegas y colaboradores de Patarroyo, tuvo que pronunciar un discurso durante un homenaje organizado para el profesor en el Instituto. "Es el discurso más corto que he oído, porque se redujo a una sola frase: "Señores, gracias por tenérmelo aquí", recuerda riéndose.

Patarroyo, el científico más reconocido de América Latina, insiste en que ser papá es una labor que se construye día a día, "es la más grande de las responsabilidades y para la cual a uno no lo educan. Para eso no hay doctorados. Ni siquiera una primaria".

Carlos Francisco Fernández

sábado, 9 de junio de 2012

Recidivas de nacionalcatolicismo-anticlericalismo



06.06.12 | 22:53. Archivado en Reflexiones "con ojos de pueblo"

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Hay una variedad de paludismo, la producida por el Plasmodium Vivax, en que la que una de las formas de vida del parásito se aloja en las células hexagonales del hígado humano; y allí se va gestando, latente, durante meses, de manera que, cuando parece que uno lleva tiempo sano, el bichito reaparece y regresa la pesadilla del fiebrón, la cefalea insoportable, la descomposición intestinal... Lo digo por experiencia.

Febrero, mes de congresos de los dos grandes partidos, registró curiosas iniciativas y declaraciones. Primero, Rubalcaba con el dedo extendido, pidiendo la revisión inminente del concordato con la Santa Sede, como si eso importara a alguien o fuera a resolver algo en medio de la tempestad económico-financiera que soportamos. Dos semanas más tarde, en el mismo sitio, un grupo relevante de congresistas del PP (entre ellos la delegada del Gobierno en Madrid, Cristina Cifuentes, por ejemplo) pide la retirada del rótulo "cristiano" de la definición ideológica del partido; moción que, por supuesto, fue ampliamente derrotada.

De tarde en tarde, cuando parecían dormidos, vuelven el anticlericalismo barato, trasnochado e inútil de algunos, y el nacionalcatolicismo publicitario y ostentoso de otros. Para mí son tres cuartos de lo mismo: la vieja manía de intentar colonizar las conciencias y las ideas, la pretensión secular de apropiarse las esencias de lo católico como patrimonio exclusivo. Recidivas estridentes, virutas de una secularización inmadura y mal interpretada.

La malaria requiere una cura radical del hígado. ¿Cuándo nos van a dejar en paz? ¿Cuándo van a dejar de utilizar a la Iglesia para atacarla de manera ventajista y facilona o para apuntarse al caballo ganador por todo el morro? Quizá el día en que cada cual pueda pensar y creer lo que quiera, sin que le cuelguen sambenitos progresistoides o facistoides; o el día que la etiqueta de cristiano deje de usarla cualquiera arbitrariamente, para acusar con ella o para colgársela como una medalla.
Mientras tanto seguimos buscando la vacuna, igual que el infatigable Patarroyo.

Pero da la impresión de que a las multinacionales del poder (IBIS aparte) no les interesa demasiado. Qué coincidencia: como le pasa a Patarroyo.

César L. Caro

viernes, 8 de junio de 2012

Manuel Elkin Patarroyo en el Colegio Distrital de su mismo nombre

Miércoles, 06 de Junio de 2012 20:48

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Ante la invitación de la rectora Janeth Molina Gaitán del Colegio Manuel Elkin Patarroyo, el pasado martes 5 de abril, el científico colombiano Manuel Elkin Patarroyo, sostuvo una charla muy cercana con los estudiantes de la institución.


En un lenguaje sencillo y acogedor, cargado de conocimiento, experiencia y jovialidad, explico a niños, niñas y jóvenes de la institución educativa, algunas anécdotas de sus experiencias de vida y científicas.

Invitó a los estudiantes a perseverar en sus proyectos y sueños, único camino seguro para alcanzar grandes metas, a través de constante estudio, disciplina de trabajo y pensamiento, insistiendo y nunca desistiendo de ellos.



Los estudiantes tuvieron la oportunidad de preguntar y adentrarse un poco en la vida del doctor Patarroyo, a preguntas tales como: ¿Qué piensa de usted mismo? ¿Cómo se ve usted?, responde que se ve como una persona congruente, resalta esta correspondencia en aspectos importantes de su vida familiar, llevando cerca de cincuenta años con su esposa, destaca su amor y perseverancia, resalta su inteligencia, su comprensión y fidelidad.

Frente a la pregunta ¿Qué lo marco en la vida para tener el carácter de ayuda social?, responde, que el ejemplo de su padre fue decisivo, expresa la importancia de perseverar en la unidad familiar. Manifiesta que la familia es portadora de cariño, de afecto, de sueños y también fomentadora de los métodos, los cuales, son el ejemplo directo que esparcen los padres a los hijos en sus experiencias de vida cotidianas, algunos incongruentes, y muchos cargados de enseñanzas para la vida.

El estudiante Oscar pregunta ¿Es posible tener científicos en Colombia?, responde que es posible, ya se tiene la semilla, se encuentra sembrada, se puede seguir el camino, persistir a pesar de la inconciencia de algunos sectores y estamentos del país.

Otra de las preguntas, relacionada con la posibilidad de buscar apoyo con los Estados Unidos, manifiesta que la actitud de este país es mercantilista, donde el asociarse con una industria farmacéutica, implicaría unas condiciones limitantes, en su momento solicitó el apoyo del presidente Belisario Betancourt durante su gobierno, recursos que el presidente consiguió, los cuales, fueron utilizados en la adquisición de equipos para el trabajo científico.



Estando en una feria científica en la ciudad de Edimburgo, lo sorprendió una niña, al jalarlo de la mano, para mostrarle didácticamente el ADN, acción en la que le hizo sacar una muestra de sangre, la puso a centrifugar, le saco los glóbulos blanco, los lavo en minutos, los rompió con un detergente, saco una varilla de vidrio y enrollo el ADN, luego separó las moléculas a través de una técnica llamada Electroforesis.
Manifiesta que en países como Inglaterra, Japón, Alemania y Estados Unidos, la educación científica se enseña desde la niñez, aspira que en un futuro no muy lejano, los niños Colombianos sean educados científicamente.

Frente al tema de la malaria, explica que se contrae por la picadura del mosquito anofeles hembra, que se ha infectado al picar a un portador de la enfermedad, previamente infectado por el parásito Plasmodium, donde el infectado presenta un cuadro similar a un síndrome gripal.

Comenta que durante su primer hallazgo, no se detectaba con exactitud la manera como el parásito se agarraba al glóbulo rojo del mico para infectarlo, dificultando generar una inmunidad eficaz, llevándolo a investigar la forma de revelar cada una de las manitas con las que el parásito se aferraba al glóbulo rojo. Posteriormente, hallar la forma de cambiarlas químicamente, para que el sistema inmunológico pueda detectarlas y generar anticuerpos específicos.





De igual forma, habla a los estudiantes sobre las infecciones causadas por virus, pueden conducir a la diabetes, donde ciertos virus como el virus Coxsackie B 15 puede infectar el páncreas, llevándolo a la destrucción de las células de los islotes de Langerhans, afectando la liberación de insulina y el aumento de los niveles de azúcar en la sangre.

Sus trabajos están dirigidos a la obtención de una vacuna total contra la malaria (paludismo). Actualmente, viene desarrollando la segunda generación de esta vacuna, de la que ha comprobado una efectividad superior al 90 por ciento en monos.

Aspira que la metodología empleada, sirva a futuro para el desarrollo de otras vacunas sintéticas, que buscaran prevenir gran parte de las enfermedades infecciosas existentes en el mundo.

Manuel Elkin Patarroyo visitó colegio de Bogotá que lleva su nombre‏

Martes, 05 de Junio de 2012 22:51



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El científico colombiano Manuel Elkin Patarroyo visitó este martes 5 de junio uno de los 50 colegios de Colombia que llevan su nombre. Compartió su experiencia, respondió preguntas de estudiantes y explicó la filosofía y los resultados de su trabajo.

“Soy de un pueblo llamado Ataco, en el Tolima, un lugar donde no había sino una escuela pública en la que solo se podía cursar hasta quinto de primaria. No había biblioteca y el periódico llegaba con las noticias ‘nuevas’ sólo cada ocho días. La primera biblioteca la conocí a los 12 años, y supe del arte colombiano hasta los 19, pero aquí estoy para contarles cómo hice de mis sueños un beneficio para la humanidad”. De esta manera el reconocido científico Manuel Elkin Patarroyo introdujo las reflexiones que en la mañana de hoy cinco de junio, compartió con estudiantes y docentes del colegio distrital que lleva su nombre, en la localidad de Santa Fe.

El director del FIDIC (Fundación Instituto de Inmunología de Colombia) estuvo por cerca de dos horas respondiendo preguntas, compartiendo los detalles del desarrollo de su proyecto de vida y explicando que los sueños deben ser los pilares de toda existencia.

En el conversatorio el profesor Patarroyo recalcó el hecho de que “Si se tiene sueños, sea en lo que sea que haya decidido hacer cada uno, se debe trabajar con disciplina, con principios, valores y actitudes, ser congruente y consistente”.

“Yo ya puse el punto muy alto viniendo de donde vengo, con las condiciones que les he contado, entonces no hay excusa, ustedes no pueden ser menos; no se puede ser menos cuando se tiene internet desde el útero. Ustedes tienen el mundo en sus manos”, agregó el inmunólogo que descubrió los principios para la creación de vacunas sintéticas, y con ello puso a Colombia en el plano de la ciencia mundial.

Tomado: Bogotá Humana

jueves, 7 de junio de 2012

Patarroyo y la juventud, la mejor vacuna contra la mediocridad.

Hay que tener un sueño, estudiar y trabajar duro para realizarlo, sin importar lo que hagan o digan los demás. Siempre habrá en el camino gente dispuesta a demorar la realización de tu sueño.























lunes, 21 de mayo de 2012

Patarroyo denuncia falta de recursos para reforzar vacuna contra la malaria


El científico dijo que no hay recursos para lograr la vacuna mejorada contra La Malaria, y que ha llamado 25 veces al Presidente Santos y no ha tenido ninguna respuesta para buscar recursos.


Por: RCN La Radio. >> Escuchar entrevista

Farmacéuticas inflan costos para aumentar sus ganancias. Leer artículo en EL TIEMPO

Mirar para atrás es muy fácil: Diego Palacio. EL ESPECTADOR

El científico colombiano Manuel Elkin Patarroyo denunció falta de recursos y presupuesto, lo que impide el avance de la vacuna contra la Malaria.

Manuel Elkin Patarroyo habla en RCN Al Fin de Semana sobre su nueva vacuna contra la Malaria

En diálogo con RCN La Radio, Patarroyo aseguró que existen bastantes palos en la rueda, al advertir que hay gente a quien no le interesa este proyecto.

“Si quieren acabar con Patarroyo, háganlo; pero no con la vacuna contra la malaria; por favor. Nosotros sólo queremos buscar una solución al problema, pero intereses ajenos no nos dejan trabajar. Para esto se necesita gasolina y la gasolina es la inversión económica; y recursos es lo que no tenemos para avanzar en estudios sobre la malaria”, se lamentó Patarroyo.

El científico sostuvo que el apoyo del Gobierno Nacional es nulo, al punto que actualmente los institutitos por él liderados adelantan conversaciones con gobiernos de otros países con el fin de financiar sus trabajos.

sábado, 12 de mayo de 2012

´La utilidad de las farmacéuticas cae dramáticamente si se descubre la vacuna del sida´

» Leer artículo en La Opinión de Málaga

Entrevista a Manuel Elkin Patarroyo
José Antonio Sau

"Uno de los escollos para acabar con las enfermedades que aquejan al ser humano es el monopolio farmacéutico"


El inmunólogo Manuel Elkin Patarroyo.

Descubridor de la vacuna contra la malaria. El prestigioso inmunólogo colombiano Manuel Elkin Patarroyo se queja de la forma de actuar de las grandes corporaciones y asegura que un país jamás debe recortar en sanidad, educación e investigación porque son las vías de desarrollo de una sociedad civil madura.

Manuel Elkin Patarroyo nació en 1946 en el seno de una humilde familia de Ataco (Colombia). El esfuerzo de sus padres le permitió estudiar hasta convertirse en el insigne inmunólogo que a finales de los 80 descubrió la vacuna contra la malaria. Aunque su eficacia era de un 30%, en la práctica salvó un millón de vidas al año (se calcula que en aquella época morían tres millones cada ejercicio, sobre todo en zonas subdesarrolladas). Patarroyo, actual director del Instituto de Inmunología de Colombia, rechazó una oferta millonaria de una multinacional farmacéutica por la patente, que donó a la Organización Mundial de la Salud (OMS) haciendo gala de «la ética de la solidaridad» que predica allá por donde va. El sida, el cáncer, la lepra o la tuberculosis han sido otros de los frentes en los que logró importantes avances. Asegura que la falta de financiación y la competencia desleal de otros países en la carrera por una nueva vacuna han retrasado dos años la patente en la que ya trabaja y que supondría prácticamente la desaparición de la malaria. Cercano, bromista y reflexivo, el Premio Príncipe de Asturias de Investigación Científica y Técnica de 1994 analiza en esta entrevista su lucha por lograr una medicina más humana.

La vacuna contra la malaria, que usted descubrió y ensayó entre finales de los ochenta y principios de los noventa, supuso un hito en la medicina moderna. ¿Es consciente del número de vidas que ha salvado?

No, realmente lo que sucede es que la primera vacuna se aplicó a cerca de 100.000 personas. De eso soy consciente. Lo que sucedió es que con esa dejamos de trabajar en 1996, para buscar lo que actualmente ya hemos venido consiguiendo: una vacuna con una capacidad protectiva mucho mayor. La primera protegía entre el 30 y el 40% de la gente vacunada, ahora ya estamos por encima del 90 o 95% en monos. Nosotros hacemos esos estudio primero de todo en animales, y una vez ya estamos seguros de eso lo hacemos en seres humanos. Por la misma razón detuve la aplicación de la otra para poder dedicarme a buscar lo que hace falta. No sé cuántas vidas se salvaron.

Usted rechazó ofertas millonarias para vender la patente de la vacuna. ¿Cree que uno de los escollos fundamentales para acabar con las enfermedades que aquejan al ser humano es el monopolio de las farmacéuticas?

Sin duda. Es más aún. Son tan listos que se han repartido los territorios, no geográficos, sino las enfermedades. Unos desarrollan solamente vacunas; otros antirreumáticos; otros, que no son los mismos, cardiotónicos; otros antibióticos, pero no compiten entre ellos. Tú eres fotógrafo, tú eres periodista, yo soy científico... no competimos.

¿En qué punto estamos en la batalla contra el sida?

Estamos bastante atrás, porque la forma como se atacó el problema del sida fue la búsqueda del antirretroviral, en la cual se avanzó muchísimo, pero el problema que tienen los antirretrovirales es que la persona tiene que seguir tomándolos de por vida. Una vacuna lo impediría. Si es así, el problema no solamente se reduce sino que desaparece, con lo cual las utilidades de las multinacionales caen dramáticamente. Es la pura realidad de esta sociedad.

¿Para cuándo una vacuna contra el VIH?

No me gusta dar fechas. Fijaros lo que me pasó a mí. Tuve una serie de ecologistas financiados, yo no puedo decir que por las multinacionales, pero sí puedo decir que por Inglaterra, que es donde está mi principal competencia. Simple y llanamente nos impidieron tener acceso a los monos por dos años. Fueron dos hitos contra línea de flotación del instituto: el aspecto económico, que se puede manejar, y la experimentación.

¿Nos queda mucho recorrido en la batalla contra el cáncer?

El cáncer es difícil. Hay más de quinientos tipos de cáncer, entonces habría que buscar una manera, un denominador común que no lo veo yo aún. De manera que no me atrevería a especular. Hay algunos cánceres que sí se podrían prevenir, que son aquellos causados por agentes microbianos. Por ejemplo, en el cáncer de útero se podría desarrollar una vacuna. Eso lo han dicho las multinacionales. También en el cáncer del sistema linfático, contra el cáncer gástrico. Y hoy en día de acuerdo a los estudios de un gran amigo que es Premio Nobel de Medicina, Harald Zur Hausen, sabemos por sus cálculos que cerca del 30% de los cánceres están siendo causados por microbios. O inducidos por microbios. Existiría esa posibilidad.


¿Qué le parecen los recortes en sanidad debido a la crisis?


Tengo una perspectiva diferente, porque allí es diferente a como acontece aquí. Nosotros lo hemos sufrido porque hubo un cambio de políticas en Colombia, no recortes económicos, en cómo se distribuyen los presupuestos en investigación. Aquí es distinto. Ahora, abogo siempre por que no se recorte ni en salud, ni educación ni en investigación, que son los motores de desarrollo de las naciones. Si tú tienes salud, educación e investigación, eso es lo que impulsa el desarrollo de un país.