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Patarroyo está convencido que con esa metodología, que ya ha presentado en conferencias internacionales,
puede encontrar una vacuna contra el ébola, que ha causado más de un millar de muertes en África. "Si nos dejan trabajar con los monos le garantizo que tendremos pronto una respuesta, digo pronto porque las reglas de juego para hacer las vacunas están dadas", afirmó.

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Efe | Bogotá |
Publicado el 20 de agosto de 2014
El inmunólogo colombiano
Manuel Elkin Patarroyo considera que el descubrimiento de
nuevas vacunas para la malaria, el ébola o diferentes tipos de cáncer puede lograrse en corto tiempo con una metodología desarrollada por su equipo de científicos en Bogotá.
Patarroyo,
de 68 años y director de la Fundación Instituto de Inmunología de
Colombia (Fidic), descubrió en 1987 la primera vacuna contra la malaria,
cuya protección fue del 40 por ciento, y desde entonces busca ampliar
su efectividad al 100 por ciento, así como desarrollar una fórmula madre
para diferentes vacunas.
"Hoy en día -agregó- tenemos capacidad de protección del orden del 80 por ciento" en la vacuna de la malaria,
proceso que se ha retrasado por una denuncia de ambientalistas que
acusaron a su equipo de "tráfico ilegal" de monos en la región amazónica
de la triple frontera de Colombia con Brasil y Perú.
Esa
denuncia, acogida por el Consejo de Estado es, según el científico,
"injustificada" y "absolutamente absurda", pues no es siquiera por
maltrato o muerte de los animales, sino porque supuestamente los monos
son capturados a unos metros de la frontera selvática, donde
prácticamente no hay límites entre los tres países.
"¿Qué
intereses negros, oscuros hay detrás de todo eso? A mí sí me gustaría
que algún día alguien los descubriera", explicó Patarroyo, y
lamentó que de no ser por este problema, que ya dura cuatro años, la
vacuna mejorada contra la malaria habría estado lista hace dos años.
Una vacuna contra la malaria
beneficiará
a unos 3.500 millones de personas en todo el mundo, y la de la
tuberculosis serviría para 4.200 millones de personas, un negocio millonario para las multinacionales farmacéuticas.
En
2013 hubo en el mundo 207 millones de casos de malaria y unas 700.000
muertes, el 95 por ciento de las cuales fueron niños menores de cinco
años, aseguró.
Patarroyo donó a la Organización Mundial de la
Salud (OMS) la patente de su primera vacuna, que tenía un coste de
producción de siete centavos de dólar (unos cinco céntimos de euro) y se
quejó de que "la quieran cobrar a cien euros las multinacionales
farmacéuticas".
"Pero durante ese tiempo no nos hemos quedado quietos.
Hemos
venido buscando el desarrollo de otras vacunas" mediante "una
metodología lógica, racional, de tipo físico, químico y matemático para
sintetizarlas", y ese es el programa en el que trabaja.El
programa de nuevas vacunas consiste en descubrir las "manitas" con las
cuales los microbios se pegan a las células que van a infectar y, a
partir de la estructura molecular de esos organismos, fabricarlas
químicamente.
"Y con esas reglas del juego descubiertas, que ya
tenemos la mayoría de ellas, se puede desarrollar cualquier otra vacuna
contra la tuberculosis, el ébola, la hepatitis, el linfoma de Burkitt y
muchísimos cánceres, puesto que ya se sabe que cerca del 50 por ciento
de los cánceres están inducidos o causados por virus, bacterias o
parásitos", añade.
Esta investigación, reitera, también podría
ir más adelantada si no tuviera el impedimento de usar los monos de la
especie Aotus, cuyo genoma es idéntico al de los humanos.
"Puede que a mí me detengan un rato, pero los que están pagando (...) son los seres humanos por ese retraso", alertó.
Patarroyo está convencido que con esa metodología, que ya ha presentado en conferencias internacionales,
puede encontrar una vacuna contra el ébola, que ha causado más de un millar de muertes en África. "Si nos dejan trabajar con los monos le garantizo que tendremos pronto una respuesta, digo pronto porque las reglas de juego para hacer las vacunas están dadas", afirmó.
Patarroyo
recordó que su vida científica comenzó a los 19 años "trabajando con
los virus hermanos del ébola" de la mano de su maestro, el profesor
estadounidense Ronald Mackenzie, descubridor en 1963 del virus de la
fiebre hemorrágica de Bolivia.
Pese a que ha sido reconocido
mundialmente con premios como el Príncipe de Asturias de Investigación
Científica y Técnica (1994), y en el mismo año con el Robert Koch, el
más prestigioso galardón científico de Alemania, desde hace cuatro años
el Gobierno colombiano no aporta dinero a su centro de investigación.
El
Instituto funciona con la ayuda que recibe de España, particularmente
de la Agencia Española de Cooperación Internacional (Aecid) y la
regional Agencia Vasca de Cooperación, mientras que la Universidad del
Rosario de Bogotá paga los salarios de la plantilla.
"A nivel nacional, tengo que decir tristemente,
el apoyo es cero por parte del Estado a lo largo de los últimos cuatro años", precisó.